Luego la partera cortaba el cordón umbilical y le dirigía al nuevo bebé un discurso, si era varón le decía:
“Hijo mío muy amado…, sábete y entiende que no es aquí tu casa donde has nacido, porque eres ave que llaman quecholli… esta casa en donde has nacido no es sino un nido… tu oficio es dar de beber al sol y dar de comer a la tierra, que se llama Tlaltecuhtli… Tu propia tierra, y tu heredad y tu padre, es la casa del sol, en el cielo”
Y si era mujer, “Habéis de estar dentro de casa como el corazón dentro del cuerpo… habéis de ser la ceniza con que se cubre el fuego del hogar.”
Fuente: Jacques Soustelle, La vida Cotidiana de los aztecas en vísperas de la conquista, México, CFE, 2011.
